Oneshot – “Didn´t we almost have it all”
Una especie de songfic/oneshot, basado en la canción “Didn´t we almost have it all” de Whitney Houston. Prideshipping. Angst/romance. G.
Disclaimer: No tengo derechos sobre Yugioh ni sobre la canción “Didn´t we almost have it all” y no gano ninguna retribución con esto.
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A veces parece imposible que hayamos seguido frecuentándonos después de semejante comienzo.
Mis amenazas, tus amenazas. Ninguna que no lleváramos a término. Las mías con mas repercuciones hacia tu familia recién adquirida, las tuyas con mas repercusiones hacia mi estado mental. Ambos capaces de cumplir los horrores que prometíamos al otro. Pero las circunstacias, una sola mejor dicho, hizo cambiar nuestras interacciones. Yugi. El alma que te dió asilo.
Aunque siempre presente, poco a poco fuimos necesitando menos de su intervención para sobrevivir a nuestros encuentros. Las veces que me lastimaste o que pusiste en peligro mi vida siempre tuvieron un resultado favorable a largo plazo y debo admitir que mas de una vez no tuviste opción. A veces yo tampoco la tuve, otras sí.
Y ahora te haz ido.
Contra todos mis deseos de alejarme de aquellas idioteces de magia y vidas pasadas, terminaba envuelto una y otra vez en sus problemas.
No miento cuando digo que al principio realmente no me importaba lo que pasara con la mayoría de ustedes, que estaba ahí para velar por mis propios intereses; que a final de cuentas mi desagrado por estas situaciones sólo era de un 95%, que había un 5% que no encajaba en la descripción; que la electricidad que venía sintiendo desde nuestro primer encuentro no era mas que eso, una atracción por el ser que había logrado desafiar, no mi habilidad en un juego, si no mi indiferencia. Habías entrado en mi fortaleza por el único método posible. ¿Sabes el poder que tenías en tus manos? Alguna vez me habría importado saberlo, pero no ahora.
Las cosas cambiaron y ya no eras sólo mi rival, si no mi aliado. Aún cuando estuviésemos en lados opuestos de la arena, y aunque nunca lo admita ante nadie, me inspirabas, tratabas de que comprendiera cómo continuar con mi vida lejos del inmenso odio que me dominaba. Lo lograste. Le devolviste a Mokuba el hermano que había perdido hace tantos años.
Si tan sólo supiera decir “gracias”.
La primera vez que pude corresponder a tu apoyo fue un paso inmenso. Estaba tratando de probar algo al darte esa carta. ¿Comprenderías? Secretamente esperaba que la conexión que sentía contigo fuese real. Que fluyera en ambas direcciones, como si todo lo que habías captado de mí a través de mis limitadas expresiones no fuese suficiente. Dudé durante varios momentos. Pasaste la prueba.
El Rey de los Juegos… Malinterpreté tus logros por un instante. Era mas fácil hacerlo, que admitir que habías despertado algo en mí.
Más allá del anhelo de vivir que me regalaste, quería importarte. Pero a tí te importaba todo el mundo, fiel a mi naturaleza, yo quería sobresalir entre todos ellos. Como siempre mi peor enemigo para alcanzar mi objetivo era yo mismo.
¿Existe algún nombre para quien toda una vida ha ejercitado la ausencia de expresión de sentimientos?
Esto no había sido un juego. Me arriesgué a depositar en tí algo que no recordaba hubiera experimentado desde que tenía uso de razón, esperanza. Yo conozco la certeza, no acciones dejadas a la incertidumbre de factores externos. Y cuando otros problemas aparecieron, antes de que aquella certeza sobre mi inhabilidad para continuar en la batalla fuese confirmada ya había planeado qué hacer con mi energía restante de vida, te la entregaría. Con mi último aliento en conciencia alcancé a sentir tus brazos sosteniéndome. Eres mas fuerte de lo que tu estatura deja creer.
“No lo arruines.” fueron mis palabras. Era la primera vez que dejaba el destino de mi hermano y mío en otras manos, debía recordártelo. Luego todo se obscureció.
Desperté para ver de nuevo a mi hermano y confirmar que habías cumplido con la promesa que había impuesto sobre ti. No me habías fallado.
Luego, una nueva amenaza. Ya no me sorprendía.
De haber sabido que en esta empresa habría de unir mi alma a la tuya, no habría dudado ni un momento en saltar dentro de aquellas alucinaciones que se hacían pasar por memorias. Aún cuando me hubieran dicho que tendría tal reacción de contracción de mis entrañas al encontrar a alguien parecido a mí, que había sido no sólo tu sacerdote, si no tu primo y por la forma en que le mirabas, algo más, tomaría el mismo camino voluntariamente de nuevo.
Terminó mas rápido de lo que hubiese deseado aunque expresara lo contrario y sin notarlo ya navegábamos hacia tu tierra natal, a verte partir.
Sólo yo estaba a tu altura. Cuando se me negó el derecho de enfrentarte perdí el control, por eso me abalancé sobre Yugi. Jamás había recurrido a métodos tan primitivos para lograr mis objetivos si ésta persona no estaba amenazándome, pero ahí estaba, sostenido por el cuello de la chaqueta, con los pies sobre el aire. Su grupo de amigos tratando que lo soltara. Contra todas las emociones que se agolpaban dentro de mí comprendí que ese derecho no podía quitárselo. Mas una cosa era que lo aceptara y otra que estuviera de acuerdo. Dí media vuelta y dejé el lugar con furia palpable en el aire.
En la noche, nadie, salvo la tripulación del barco supo que hubo lluvia. La escuché contra el cristal de mi camarote. No había podido conciliar el sueño ni tras checar tres veces vía satélite que todo estuviera en orden en la compañía. Me levanté y decidí salir. Sí, a la lluvia.
No esperaba encontrar a nadie pero mis latidos se aceleraron al encontrarte ahí, viendo hacia el mar. Para qué pasar la que podría ser tu última noche en este mundo dentro de un artilugio de oro.
Estabas tan concentrado en lo que creo era asimilar y fotografiar en tu memoria este tiempo que no notaste mi presencia.
Mi intención original era acercarme y por una vez hablar contigo. No de duelos, no de la filosofía del bien y el mal, de la moralidad de las decisiones tomadas para alcanzar un fin, simplemente hablar.
Sin darme cuenta ya había alcanzado el lugar donde te encontrabas. Aún no reconocías mi presencia. Era el momento. Abrí la boca para decir algo pero cualquier sonido quedó ahogado en mi garganta. Algo se apoderó de mí y no lograron ser palabras las que establecieran contacto. Pasé mis brazos alrededor tuyo. Una exhalación de sorpresa, pero ningún rechazo. Al cabo de unos segundos posaste tus manos sobre los brazos que te encerraban y ejerciste una pequeña presión. “Te irás.” dije, aún no sé si la inflexión en mi voz era la de una pregunta o la de una afirmación. “Sí.” fue tu respuesta y te giraste en mis brazos para verme a los ojos. Tu mirada me examinó. ¿Aprendiste a leer la mente? Con una mirada seria llamaste mi atención. “Recuerda siempre algo,” dijiste mientras pasabas el dorso de tu mano por el lado de mi cara, “cada vez que me he dirigido a tí es sólo a tí a quien veo, a nadie más, de ahora o de cualquier otro instante en el tiempo.”
Otra exhalación, ahora de mi parte.
Sin estar conciente de ello fui acercándome más a tu rostro. Me detuviste negando suavemente. Ahora era mi turno para comprender lo que querías decirme sin palabras. La situación actual ya era suficientemente cruel, cualquier paso que profundizara este lazo no haría si no lastimarnos más. Normalmente habría mandado todo al demonio pero te debía este respeto. Asentí pero volví a cerrar mis brazos alrededor de ti, esta vez con más fuerza. Quería asegurarme que estabas ahí, una entidad sólida y verdadera. Que no eras un sueño y que jamás lo habías sido.
La mañana llegó y con ella tu última prueba. En el fondo conocía el resultado pues estaba basado no tanto en las habilidades que poseías, sino en el hecho de que la persona que había compartido su ser contigo estaba lista para dejarte ir. Yugi me había vencido nuevamente.
Es irónico. Tardé más de una década y media en encontrar a quien despertara mis emociones. Pasaron dos años más y entonces había encontrado a la única persona que podía leerme completamente a través de las inumerables barreras que mi educación había dejado. ¿Acaso no lo tuvimos casi todo? Ese nivel de comprensión en miradas, gestos y reacciones no tiene nada que pedirle a la conexión mental que tuvieras con alguien más.
El pensar en todo eso dolía, pero fue inmensamente bien recibido. El viaje que compartimos bien vale el dolor y no lo cambiaría por nada.
Caminos separados. Haz cumplido con todo lo que te haz propuesto. Recuperar tu memoria, darle confianza a los demás y entre todas esas cosas, me devolviste la libertad.
Gracias.
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Lo terminé, yo misma no puedo creerlo, casi nunca acabo nada. Claro que tenía que ser un oneshot.
Algunas aclaraciones, mejor conocidas como Notas de Autor. Aquí mas casuales ;P
Tomé partes de lo que se me hizo útil. Hay partes que se refieren a esa famosa parte del manga que no vimos en occidente porque simplemente la serie inicia desde lo que sería el segundo arco. Hay partes que continúan siendo exclusivas del manga pero que ya se pueden ubicar en el anime y hay partes que son exclusivas del anime. (Y la parte inventada desde luego que no es culpa mas que mía).
Ya había comentado lo de la edad. Si alguien quisiera ayudarme se lo agradecería infinitamente para no vivir con la duda por toda la eternidad.
Y porqué hacerlo sufrir? Lo que dije, lo confirmo, ya le tocaba *risa*. Me he fijado que en español casi siempre leo que el que sufre mas es Yami y es comprensible porque es menos de hierro y físicamente mas pequeño, pero a mí siempre me llega como un personaje que pese a su apariencia es tan fuerte como Kaiba así que quise emparejar aunque fuese un poquito las cosas ;P
Como ya dije, estoy felíz de no haberlo dejado a la mitad. Es una terrible costumbre mía hacer eso. Ojalá esto sea un cambio que perdure, ya sea en fics, si es que llego a escribir otra cosa, o fuera.
Terminado en 03/2008 Publicado cuando le terminaron de temblar las rodillas y el pánico escénico le soltó los grilletes 5 segundos.–
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